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Publicado el: 17/03/2017

No nos conocemos pero si has llegado hasta aquí, puede que sea porque estás buscando un traductor, un intérprete o simplemente por curiosidad. Tal vez una sana combinación de ambos. En cualquier caso, ¡bienvenido o bienvenida!.

Antes de entrar de lleno en materia y hablar de las áreas de las que me ocupo normalmente, trayectoria, anécdotas como traductora, estrategias, etc.… dame cinco minutos para que te cuente brevemente cómo llegué a decidir que de mayor quería ser una traductora y deje de ser una extraña más al otro lado de la pantalla.

En realidad, estudié Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Barcelona. Convencida y enamorada hasta la médula de esa profesión como sólo puede estarlo alguien de veinte años que siente pasión por la lectura, los libros, los idiomas y todo lo que hiciese referencia al mundo de la información y del saber en general. Dediqué los primeros ocho años de mi vida profesional al mundo de las bibliotecas públicas y estoy convencida de que no soy (ni seré) la última persona que decide dedicar sus jornadas a hacer algo distinto a lo que había decidido al principio.

Existen una serie de valores fundamentales que uno debería tener siempre presente cuando se pregunta qué le gustaría hacer de mayor (¿qué me divierte y me llena?, ¿ sé hacer algo en lo que destaco y que cuando lo hago, me hace sentir viva?, ¿cuento con un talento?) y sobretodo, no olvidar que el camino es muy largo y siempre hay tiempo para dar un golpe de volante y cambiar de rumbo.

Tener la enorme suerte de descubrir lo que te hace feliz (además de permitirte pagar las facturas), hace que quienes sufren esta especie de “revelación”, puedan focalizarse fácilmente y a tempo pleno en alcanzar este objetivo sin ser distraídos de otros factores o elementos.

Hay muchos que, en función de las posibilidades de cada uno, empiezan a dedicarse como hobby o pasatiempo mientras esperan a que llegue ‘el momento’ para dar el gran salto y hacer de ello su verdadera profesión.

En mi caso, han pasado casi 10 años desde que algo en mi cerebro hizo “clic” y comprendí a lo que me quería dedicar como profesional el resto de mis días. Te mentiría si te dijera que el camino ha sido fácil, es más, ha habido momentos en los que tirar la toalla me parecía extremadamente tentador pero debo confesar que la ilusión por alcanzar la meta que se había dibujado en mi mente, se convirtió en el motor que me empujaba a seguir adelante. Y estoy convencida de que uno se convierte en traductor, más allá de su recorrido particular, de cómo haya llegado hasta allí, porque lo cuenta en realidad es la experiencia y la calidad (elementos básicos) que hacen de un freelance, un traductor.

Cuando te dedicas a hacer algo que te gusta, las horas se volatilizan, no te pesa formarte (a menudo como autodidacta) y adquirir todas las habilidades necesarias que ensalcen la calidad de los servicios que ofreces.

Cuando haces algo que amas y te apasiona, indudablemente el resultado será de calidad.

Me gusta pensar que mis traducciones son artesanales (es decir no uso instrumentos de traducción automatizada) y siguen un esquema perfectamente definido desde el principio que va desde el estudio de la materia y la terminología a un diálogo constante con el cliente para asegurar que el resultado tenga un cuerpo y un alma propios.

Te apetece explicarme en qué puedo ayudarte?

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